Los Puentealtinos merecen que el Hospital Sótero Del Río sea modernizado .

Sus instalaciones construidas hace 80 años necesitan ser modernizadas.

por Roberto Labra Campo

Aunque la ministra de salud trató de minimizar las expresiones críticas del contrato contralor general de la república -quién sostuvo que los servicios de salud no deberían dedicarse a construir hospitales sino que debería hacerlo el Ministerio de Obras Públicas- sus palabras parecen interpretar tanto el sentido común como el juicio de muchos expertos en esta materia

Y el episodio del Hospital Sótero Del Río parece confirmar las apreciaciones del contralor. Sus instalaciones, construidas hace 80 años necesitan ser modernizadas. Para estos efectos el anterior gobierno lícito ésta obra como una concesión hospitalaria y alcanzó a adjudicarla poco antes de terminar su mandato. El actual gobierno canceló el proceso de concesión a pocos meses de asumir.

Luego a fines de 2016, el Ministerio de Salud (MINSAL) le encargó al MOP la construcción del recinto como obra propia

Sin embargo a fines de este año, la autoridad sanitaria decidió retirar el proyecto del MOP y realizarlo por su cuenta. Si se hubiera mantenido la concesión los habitantes de Puente alto tendrían un renovado hospital El 2018 pero ahora en el mejor de los casos eso podría ocurrir el 2022

El magro desempeño de esta administración en la construcción de hospitales, pese a las promesas de campaña, se debe a una combinación de prejuicio y errores en la interpretación de experiencias comparadas. Por de pronto, se desconfía de la interacción con la empresa privada en el ámbito de la salud pública. Para respaldar ese prejuicio, se usó la experiencia del Reino Unido en que los hospitales concesionados no han demostrado grandes ventajas: no son más baratos, ni se construyen más rápido que los del sector público y tienen la desventaja de ser más inflexibles. Esta experiencia se traspasó directamente, olvidando las enormes diferencias en la capacidad del Estado en el Reino Unido y en Chile
En nuestro país el Ministerio de salud tiene pocas ventajas para construir hospitales. De ahí el fracaso de las licitaciones de recintos como el de Chillán y el San Antonio, Barros Luco, de Linares, y el de Talcahuano, entre otros de cierta complejidad. El Estado se ha visto en la necesidad de volver a licitarlos y por tanto sus usuarios deberán esperar mucho más para verlos construidos o modernizados.

Pero el ejemplo del Sótero del Río es paradojico. El MINSAL lo habría retirado del MOP porque los prolijos estandares de este último para la elaboración de las bases del llamado a licitación arriesgaban que el proceso no se alcanzará a realizar durante esta administración, lo que podía llevar -en caso de triunfar la oposición- a que vuelva la modalidad de construir vía concesión.

Los costos económicos de un proceso de licitación desprolijo pueden ser enormes. Es de esperar que las autoridades de salud hagan su mayor esfuerzo para impedir que un anteproyecto deficiente obligue posteriormente a costosos de diseños y renegociaciones.

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